En 2014, después de trabajar durante más de veinte años en Madrid, me trasladé a vivir a un pequeño pueblo de la Axarquía malagueña, en una finca agrícola de siete hectáreas con cultivos de aguacates y uvas pasas moscatel.
¡Vaya cambio!
Trabajar el campo no resultó tan bucólico como imaginaba, pero fue un gran impulso vital y profesional. Ser diseñadora y emprendedora en el ámbito rural me permite estar conectada con tendencias globales y, al mismo tiempo, enraizada a una tierra y a una realidad concreta. Encontré mi lugar.
Pero, pero, pero… siempre hay un pero.
El impacto del cambio climático se ha hecho muy evidente en los últimos años: las cosechas se reducen y los árboles se mueren. Esta realidad, vivida en primera persona, me ha llevado una y otra vez a hacerme la siguiente pregunta:
¿Qué puedo hacer yo ante un problema global y de semejante envergadura?
Muchas veces quedó sin respuesta.
(…)
Ahora, no hay tiempo para el desánimo. En mi vida profesional y personal ha emergido una mirada que lo redefine todo y que refuerza mi apuesta por la transformación económica, social y medioambiental con el diseño y la comunicación circular como eje de cambio.
Hoy empieza una nueva etapa, llena de oportunidades para las personas y empresas que quieren ser parte del cambio.
Yo lo tengo claro. ¿Y tú? ¿Te sumas?
A continuación, te cuento más sobre mi trayectoria profesional.



