El consumo no es un acto inocente…

A menudo me siento atrapada entre la contradicción, la urgencia y la complejidad del día a día… y así, voy tragando y normalizando situaciones injustas, insanas, incluso surrealistas, que hacen que mi vida sea cada vez más absurda y menos ética.

Te cuento una de esas escenas:
Llamo a la central de ventas para hacer una consulta. Contestación:
—Se puede arreglar, señora, pero la pieza más la mano de obra le cuesta más que un aire acondicionado nuevo. No le sale a cuenta.
—¡Grrrrrrrr…! Me dan ganas de morder a alguien.

Esto tiene nombre: obsolescencia programada económica o por coste.

Y hay más: los zapatos con falsos cosidos y suelas que se despegan, galletas cargadas de azúcar y aceite de palma en atractivos paquetes para los niños, aditivos de riesgo, microplásticos, materiales no reciclables… Uf, la lista es larga.

Cuando caigo en la cuenta de que estas situaciones no son fruto de la casualidad, sino que están perfectamente pensadas, planificadas y forman parte de un sistema aceptado por todos, me indigno y tengo ganas de cantarle las cuarenta a alguien.

¿Pero a quién? ¿Al vendedor, al productor, al distribuidor, a quienes lo permiten…?

Como no sé por dónde empezar, acabo por no hacer nada.

(…)

Pero hoy puede ser diferente.

Hoy puedo sencillamente decir: ¡se acabó! No quiero seguir sumando a una forma de consumo lineal de usar y tirar y para ello voy a mirar hacia dentro, reírme un poco de mí misma y empezar a visualizarme como una auténtica exploradora circular que quiere y puede cambiar las cosas.

En esta transformación, El Circulómetro puede servirte de inspiración y de guía en base a un triple propósito:

Desmontar el modelo lineal de usar y tirar que hemos normalizado y que es insostenible para nuestra salud, nuestra economía y el planeta.

Visibilizar que existe otro camino, personas, ideas y marcas que están construyendo un modelo circular, ético, saludable y regenerativo.

Transformar nuestra forma de consumir en un acto de cambio personal y global, con decisiones cotidianas y con las manos en el barro.

Porque con cada compra construimos el mundo en que queremos vivir.

Yo lo tengo claro. ¿Y tú? ¿Te sumas?

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