Marta, la Resuelta, entra en el supermercado de su barrio. Solo quiere comprar un par de cosas. Va directa, como siempre.
Está a punto de encaminarse hacia la caja cuando ve a Valeria.
Viven cerca, pero ella a pie de calle, y Valeria en una urbanización con piscina, jardines y pista de pádel. Sus hijos son amigos desde la escuela infantil. Para ella, Valeria es una de esas mujeres que parece que les sobra el tiempo y el dinero para hacerlo todo bien.
La observa de abajo a arriba. Zapatos Camper Pelotas, pantalones morunos “cagaos”, camiseta sin planchar de la arruga es bella… ¡Ufff!, ese aire elegante pero como sin esfuerzo! Ese tipazo… Marta se siente pequeña.
De repente, observa cómo Valeria alza el brazo, móvil en mano, y se puede apreciar claramente que su axila no está depilada. Je, je, je… Marta se empodera y esboza una pequeña sonrisa mientras en su mente irrumpe con nitidez una sola palabra:
ECOPIJA.
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—¡Hola!
—¡Martaaaa! —, saluda Valeria con entusiasmo—. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
—Súperbien. ¿Y tú qué, haciendo fotos a un chorizo?
—Noooo, estoy escaneando el código de barras, para ver si tiene nitritos.
—¿Queeeé? —, Marta no sabe qué decir y se viene abajo.
—Es una App. Te dice la calidad de los productos. Mira, te enseño cómo funciona.
Valeria se acerca y, sin pedir permiso, introduce la mano en la cesta de Marta. Saca un jabón de barra marca Dove.
—Por ejemplo, esto… —lo escanea y exclama— ¡Mira, 50 sobre 100! Aprobado por los pelos, vaya, del montón.
Marta siente un picotazo en el orgullo. ¿Del montón? ¿Perdonaaaaaa? Traga saliva y arranca a hablar intentando mantener la calma.
—Uso Dove desde que tenía 20 años —responde—. ¿Y sabes por qué? Porque me encantó ver mujeres reales en sus anuncios, mujeres de todas las edades y colores en bragas y sujetador enseñando los michelines, en vez de las típicas modelos, guapísimas y asquerosamente perfectas. Me llegó, la verdad. Desde entonces, siempre lo uso y me deja la piel muy sua…
—Siiiiií—interrumpe Valeria— fue la campaña Real Beauty, ¡bueníiiiiiiiisima! Un antes y un después en el mundo de la publicidad. Ayudó a muchas mujeres como tú a reconciliarse con su cuerpo. Un nuevo paradigma, vaya. La hicieron después de descubrir en una investigación que solo el 2% de las mujeres se sentían guapas. ¡Qué fuerte! Por eso te enganchó.
Marta enrojece de furia mientras Valeria continúa con su discurso, a su bola.
—Pero no te fíes: también hacen greenwashing. Mira, el grupo Unilever, al que pertenece Dove, vende jabones con segundas marcas para aclarar la piel a las africanas. Aquí mucha belleza real y mucho cuento chino y en África blanqueantes, qué listos, ¿no?
– ¿Pero qué coño me importa a mí lo que vendan en África? – piensa Marta, mientras se muerde la lengua. Tiene ganas de decirle cuatro cosas, pero solo siente rabia y carece de argumentos. Y encima esta pija verde lo sabe todo.
Valeria continúa: Además, —añade, acercando el jabón a la nariz—, esto huele a detergente de lavadora, son perfumes sintéticos.
—¡PUES A MÍ ME GUSTA, HUELE A LIMPIO! — Marta estalla a grito “pelao”.
Silencio (…)
Entonces, Valeria sonríe, rebusca en su bolso y saca un trocito de jabón envuelto en papel de seda. Se lo tiende.
—Toma. Estos jabones los hace una amiga mía. Los venden en la herboristería de la esquina. Yo llevo siempre uno para perfumar el bolso. Huele.
Sin margen de reacción, Marta lo olfatea. Le recuerda algo, aunque no logra identificarlo. Valeria se lo introduce con cariño en el bolsillo de la camisa. Marta no sabe si agradecer o pegarle dos tortas.
—Cuídate, Marta —dice Valeria, con esa sonrisa impecable.
—Igualmente.
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Marta paga su compra con el jabón Dove de siempre, pero está aturdida. Esa mujer…, ese tonito…, ese sobaco sin depilar…
Tres días después, en casa, más tranquila, encuentra el trozo de jabón en el bolsillo. Lo huele distraída. Un recuerdo le viene a la memoria: romero, lavanda, limón. ¡Plantas del Mediterráneo! Veranos en Jávea. La Caseta dels Llimoners…
Suspira. Se levanta, va al baño de su hijo y deja allí el jabón DOVE. En ese gesto, sin pensarlo, algo ha cambiado.
Una nueva convicción se abre paso: ahora Marta desea esos jabones artesanales, a pesar de que cuesten más, a pesar de sentirse infiel y… a pesar de Valeria.


